Una florista desobediente es una apuesta por las plantas ruderales, y arvenses, también llamadas malas hierbas. Llego con éstas a través de la investigación de procesos judiciales de finales de la Edad Media, al encontrar la relación entre mujeres que fueron condenadas como brujas y los lugares que habitaron, muchos de los cuales hoy en día son espacios baldíos, "terrain vague" donde crecen las malas hierbas. La comparativa se hace más que evidente, de mujeres brujas, que molestan, que hay que eliminar, dentro de los modelos sociales controlados, a tierras y las malas hierbas que allí crecen. Unas supuestas brujas que se les condenaba entre otros aspectos porque hacían uso de plantas.
 
Cabe destacar que según el diccionario la "mala hierba" es aquella que crece donde no se lo pide, y esto incluiría plantas ruderales y arvenses.
Desde este aspecto histórico me adentro en las malas hierbas, y lo que significan, la incomodidad que genera en los sistemas, o todo lo que puede ser considerado diferente. Me interesa su significado, que es siempre político. Una planta no es sólo una planta a secas. La botánica tiene fuertes connotaciones políticas, conceptuales e ideológicas, pasadas por el verismo de la ciencia, que le da una hipotética y suntuosa pátina de objetividad. Creo en un laboratorio de investigación abierto, que tiene como finalidad no tanto una investigación de las formas, o clasificaciones y taxonomías sino elementos de carácter conceptual e ideas políticas. Un análisis de matices y colores de las plantas, de su cultivo, plantación, de la savia, de las cromatografías, de sus semillas, o de planos vaciados de posibles localizaciones. Elementos y métodos que nos sirven para reflexionar.

La mala hierba se convierte en este punto una propuesta, alternativa, de cambio, dadas sus altas capacidades de recuperación, renovación, aleatoriedad, austeridad, resistencia, adaptabilidad a la perturbación, proliferación y oportunismo. Los márgenes no equivalen necesariamente a carencias, sino que abren oportunidades. Conscientes que aparecen allí donde menos lo esperamos, revelándose contra el orden y la estabilidad social, se propone dar un paso más allá desde la desobediencia del cultivo de malas hierbas, un poco como hacían las brujas, en sus encuentros, consejos o aquelarres. Se trataría tal vez, como bien han dicho estudiosos de los lugares secretos y escondidos donde se reunían los campesinos y las campesinas, secretamente y de noche para planear la revuelta a su señor. O las supuestas fechorías, como las granizadas, tal vez fuesen acciones contra los poderes, una granizada puede ser interpretada como una acción de desobediencia. O, en sus supuestos polvos, mezclas de diferentes elementos plantas, sapos y visceras de personas muertas, tal vez como mezclas heterogéneas antisistema, contra los modelos impuestos. Desde aquí es desde donde podemos proponer la construcción de un modelo alternativo, que nos permita imaginar posibilidades, en un momento en que nos urge repensar nuestros modelos de vida para hacer frente a la crisis de nuestro mundo. Como subversión, en resistencia con los espacios administrados, de transgresiones, que se crean en los espacios liminares del sistema, en sus grietas y márgenes. Se trata de reunirnos para construir, reconstruir alternativas a nuestro modelo social, la curación mediante espacios, culturas, y políticas ruderales los males generados por el mundo capitalista.

Video ensayo, de 22:14'. Tubos ensayo, cromatografías, tablas de colores y semillas. Con la colaboración del Centro de Arte La Panera, el CAN de Farrera y el CDAN de Huesca. 2019​

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